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Ciencia ficción: Después de la catástrofe

Todo esto lo habíamos leído o lo habíamos visto en la pantalla. Ahora se habla mucho de supuestas profecías más o menos técnicas en las que científicos o filósofos o augures de toda clase habían avisado de que llegaba la pandemia. Los medios andan a la caza de documentos anticipadores, como ya hicieron en 2008. Sin embargo la ficción ha creado a lo largo de decenios cientos de películas, novelas y cuentos muy reveladores, basados en el mismo argumento: una catástrofe golpea a la humanidad y destruye su hábitat. Guerra nuclear, virus mortal, rebelión de las máquinas, choque con un asteroide o similar, hundimiento económico total, apocalipsis zombi, invasión extraterrestre… Ya saben, desde “Mad Max” a “Resident Evil”, desde “El Martillo de Lucifer” a “Terminator”, distopía a lo bestia. No hacían falta arúspices ni iluminados que lo advirtiesen (aunque los haya habido). Ya podíamos suponer, gracias a la ciencia ficción, que sucedería alguna hecatombe en el fin de los días. De hecho no ...

En el reino de los clichés retóricos

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¿Esta era la sesión de control al Gobierno y de debate público que las derechas presentaban como la gran oportunidad impuesta al maligno Sánchez? ¡Pues vaya! A lo largo de una jornada completa, Casado, Abascal y todos los profetas de la hecatombre discursearon para sus propios fans. Algunas minorías intentaron hacer planteamientos proactivos sin demasiado éxito, porque no es fácil ser creativo y original en la lucha contra una pandemia cuya naturaleza aún no se conoce en profundidad. Y Sánchez, contra viento y marea, explicó otra vez la posición de su Ejecutivo. Sus reiteradas abstracciones y su obsesión autojustificativa volvieron a restarle credibilidad. El resumen final vino a ser un compendio de clichés retóricos utilizados hasta la saciedad y más allá (durante toda la crisis del coronavirus e incluso antes). Por supuesto, la prórroga del estado de alarma quedó ratificada por amplísima mayoría, más que nada porque no existe alternativa y porque seguimos todos lo suficientemente...

Los pactos (¿de La Moncloa?) inverosímiles

¿Será posible alcanzar pactos de Estado en un país donde el enfrentamiento ideológico se ha exacerbado y no pocas fuerzas políticas llevan tiempo apostando por el “cuanto peor, mejor”? Es muy dudoso. El acuerdo parece hoy inverosímil. Con Vox no se puede contar para nada que no sea reventar el sistema. El PP, de entrada, también se tira al monte. Desde el Gobierno, PSOE y Unidas Podemos no exhiben demasiada habilidad ni cintura para manejarse en una situación (la pandemia) que les desborda y desgasta. Queda por ver cómo evoluciona la crisis, que sigue sin pintar nada bien. Estamos ante una catástrofe de enormes dimensiones y efectos terroríficos. La ciudadanía española, atemorizada y perpleja desde el “crack” de 2008, ve confirmarse hoy sus mayores aprensiones. Este no es el contexto de octubre del 77, cuando se firmaron los Pactos de La Moncloa. Se suele decir que los protagonistas de ahora no tienen la talla o la inteligencia o la audacia de aquellos de hace 43 años. Pero la clav...

Todo lo que no sabemos

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La OMS está volviendo locos a los conspiranoicos con su aparente vaivén en el asunto de las mascarillas, mientras el Gobierno de España se arrastra como puede por el cenagal de esta crisis y la oposición de derechas vuelve en masa al Congreso (¿y el confinamiento?) para, por lo visto, frenar un supuesto golpe de estado socialcomunista-bolivariano-feminazi. ¿Es el coronavirus una enfermedad mental?, me pregunto cada mañana al leer las noticias. Tal vez, o tal vez no. Porque es mucho lo que aún no sabemos respecto de la pandemia, y además la mayoría carecemos de algún conocimiento sólido en relación con la medicina, los protocolos de las UCIs, los respiradores, los test de detección y la utilización correcta de mascarillas, guantes y otros artefactos. Eso sí, cientos de miles de personas amanecen a diario dispuestas a insultar al prójimo, llamar asesinos a quienes están gestionando política y sanitariamente esta catástrofe o proponer las alternativas más demenciales. La ignorancia siem...

Esto es solo el principio

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La intensa pugna política y el desgarrado y a menudo bronco debate social que ha provocado en España el coronavirus no es sino la preparación artillera de la verdadera batalla, que vendrá luego. El objetivo es obvio: analizar la situación para promover cambios sustanciales, redefiniendo el futuro y despejando la inseguridad y el miedo; o bien bloquear dichos cambios para volver al punto de partida o, mejor todavía, convertir el drama en “oportunidad” (tal que en 2008). Las derechas lo tienen claro cuando promueven alternativas paleorreacionarias o abiertamente fascistas, en orden a incrementar el poder de las élites y la desigualdad. No pueden permitirse el lujo de dejar pasar una ocasión tan estupenda. En su estela, una activa marea de empresarios, financieros, inversores, oportunistas y odiadores aprovechan para hacer lo que venían maquinando desde antes de la pandemia: poner en jaque al Gobierno democrático, aprovechar sus errores (que no han faltado), carencias y debilidades inter...

No, por favor... ¡A la residencia no!

Desde hace mucho tiempo, ingresar a la abuela o el abuelo en una residencia ha desencadenado tragedias familiares terribles, de las que luego nadie habla. Pero ahora viene a cuento. Miles de viejos, semidependientes o dependientes del todo, no han tenido otra salida posible que ir a esos establecimientos que en otros tiempos denominábamos asilos. La inmensa mayoría de los afectados, sobre todo aquellos que aún conservaban alguna lucidez, solían resistirse hasta donde podían. Se les llevaba a ver el lugar, que les era presentado de la mejor manera posible, se les animaba a dar el paso voluntariamente, se les pintaba de purpurina la desagradable alternativa: “Ya veras que bien vas a estar”, “Harás amistades y luego no querrás salir de aquí”, “Vendremos a verte todas las semanas”… Pero ellos insistían: “No, por favor !A la residencia no!” Hasta que no tenían más remedio que ceder. Aliviados, sus parientes fingían que el problema estaba resuelto: “No quería ir, pero ahora está encantado....